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Máximo Villón

Si algo caracteriza a Máximo Villón Béjar (mvillon@itcr.ac.cr), profesor e investigador de la Escuela de Ingeniería Agrícola del Instituto Tecnológico de Costa Rica (TEC), es su disposición para compartir el conocimiento con la mayor cantidad de personas posible.

Ingeniero agrícola de profesión, Máximo Villón es multifacético: profesor altamente calificado de la Escuela, por sus lecciones han pasado prácticamente la totalidad de los egresados de la carrera; es investigador y creador de software para el área de ingeniería de recursos de agua y tierra; ha escrito numerosos libros, los cuales también ha diseñado y editado; y es un entusiasta jugador de fútbol.

Pero para poder hacer todo eso -y más- y hacerlo con calidad, el Ing. Villón llega diariamente al TEC a las 6:40 am y regresa a su casa a las 5:30 pm. Su oficina es como su hogar y para hacer más cómodos estos horarios, la ha equipado con refrigerador y horno de microondas. Además, de su bolsillo adquirió también la computadora y la cámara digital que requería para sus trabajos de elaboración de software y edición digital, pues no tiene tiempo para esperar por el trámite que implica una compra institucional.

De Perú a Costa Rica
La llegada de Máximo Villón a Costa Rica ocurrió de manera casual. El profesor de Ingeniería Agrícola José Luis Murillo, llegó a mediados de 1977 a Perú para hacer un curso en la Universidad de La Molina; allí se encontró con Villón –nativo de Lima- que en ese momento iniciaba sus estudios de maestría y le ofreció venirse para el TEC, ya que entonces no había ingenieros agrícolas en el país. Sin pensarlo dos veces, Máximo Villón le dijo que sí, pero sin concretar nada. A fines de diciembre Murillo le volvió a hacer la oferta y el 9 de enero de 1978 Máximo Villón llegó a Costa Rica por un plazo de un año.

Este plazo va ya por 28 años, durante los cuales se casó con una costarricense (después de mucho pensarlo, porque sabía que si se casaba aquí ya no volvería a su tierra y él pensaba volver); tuvo un hijo, Máximo Adrián, de 15 años, y una hija, Berta Luz, de 12; sacó la maestría en computación además de otra en recursos en agua y tierra; llegó a catedrático 3 –la máxima categoría académica que puede lograr alguien en el TEC y donde por cierto él es el único; e impartió numerosos cursos dentro y fuera del país.

Ya en el TEC, Máximo recibió el encargo de diseñar los programas de la Escuela de Ingeniería Agrícola en lo referente a ingeniería de recursos de agua y tierra, pues hasta el momento solo se impartían cuatro cursos. Poco a poco fue agregando cursos al programa, tales como hidráulica, hidrología y topografía, estadística y programación aplicada. Con orgullo afirma que todos los programas en esta área de la carrera han estado en sus manos y a lo largo de estos años los ha venido ampliando y perfeccionando.

Posteriormente vino otra etapa y fue la de capacitar recursos humanos en las empresas en el área de drenaje, ya que los conocimientos en el país hasta ese momento eran muy básicos. Su primer trabajo de capacitación lo hizo en la empresa United Brands.

A estas alturas de su narración, Máximo explica que para él el TEC no es un trabajo, es algo que le gusta hacer “y además, me pagan por hacerlo”. Cuenta que siempre se ha sentido muy cómodo aquí; desde el principio le gustó el ambiente porque era un campo virgen donde podía –y de hecho, ha podido- hacer muchas cosas. En esto el Ing. Mario Coto, director de la carrera ya jubilado, le dio un gran apoyo.

Además, en el TEC tiene la opción de hacer deporte y cuenta que desde que llegó en 1978, hasta el día de hoy, “mejenguea” todos los días de la semana. Los partidos de fútbol le han permitido relacionarse con muchos funcionarios del TEC, entre ellos algunos que luego llegarían a ocupar cargos de rector y vicerrector; el deporte es valioso, dice Villón, porque además del ejercicio físico facilita la comunicación y la cercanía entre las personas.

Compartiendo el conocimiento
Dicen que el conocimiento, entre más se comparte, más se multiplica. Esto se podría aplicar a Máximo Villón porque uno de sus principales intereses es compartir los conocimientos que ha generado a lo largo de estos años.

Además de los cursos de capacitación, ha sido el gestor de tres cursos de posgrado en coordinación con el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), trayendo expositores internacionales de prestigio, a muchos de los cuales Máximo hospeda en su casa para disminuir costos. Él tiene la idea de que esta es una excelente forma de compartir conocimientos; muchas veces ofrece cursos gratuitamente en otras instituciones a cambio de que luego esas instituciones ofrezcan cursos a los estudiantes del TEC, también en forma gratuita.

Asimismo, fue gestor y expositor en dos cursos internacionales sobre el software H-Canales, que se ofreció por medio de la Organización de Estados Americanos (OEA), donde participaron profesionales (ingenieros civiles, agrícolas y otros) venidos desde Chile hasta México y las Antillas.

Además, Máximo ha participado en muchos congresos internacionales en Cuba, Chile, Nicaragua, Perú y El Salvador, todos en el campo de la ingeniería en recursos de agua y tierra, y ha dictado cursos de actualización en el Colegio Federado de Ingenieros y de Arquitectos de Costa Rica.

Creación de software
H-Canales, SeHidrac, Hidroesta y Espadren son los nombres de otros tantos programas de computación que ha creado Máximo Villón a lo largo de su carrera como profesor e investigador del TEC. Y esa es la labor que actualmente consume gran parte de su tiempo, una vez descontadas las horas que dedica a la docencia.

Villón cuenta que entre sus pasatiempos están las matemáticas y la computación. Cuando llegó a Costa Rica le faltaba un año para terminar su maestría, por lo que regresó a Perú en 1982, con el apoyo del Comité de Becas del TEC, para terminarla. Durante el año que estuvo en la Universidad de La Molina tuvo que hacer muchos cálculos en los cursos, y luego también en su tesis de grado. Para ello usaba el Fortran, que –según afirma- tiene una virtud: puede trabajar igual con valores numéricos grandes que con valores pequeños. Allí nació su interés por la programación. Dice que solo con los métodos numéricos se puede resolver el desarrollo de las series, las cuales se usan en muchas soluciones ingenieriles, por lo que se ha dedicado a investigar en el campo de las matemáticas.

De regreso al TEC se hizo cargo del curso de programación de la Escuela, pues “la única forma de conocer qué temas han visto los estudiantes es dando uno mismo el curso”, dice Villón.

Para ampliar sus conocimientos, se matriculó en los cursos de bachillerato de la carrera de ingeniería en computación; inicialmente llevó los cursos de matemáticas y luego otros más, hasta que en 1996 obtuvo la maestría en computación con énfasis en sistemas de información. Esto lo hizo en su tiempo libre, sin beca y por iniciativa propia. Comenzó a trabajar en sistemas de información y encontró que estos están diseñados para casos muy particulares, a la medida, y él quería algo más general. Así, se dedicó a crear programas de computación “para todo el mundo” en el área de recursos de agua y suelo y, de esta forma, la Escuela de Ingeniería Agrícola entró de lleno en el mundo del software.

Centro de desarrollo de software
Esta experiencia, y el ver que en el TEC hay mucha gente con ideas innovadoras, que solo requieren de un poco de apoyo para concretarse, ha llevado a Máximo Villón a proponer la creación de un centro de desarrollo de software multidisciplinario, con informáticos, biólogos, matemáticos, diseñadores gráficos, pedagogos, administradores de empresas y más.

Y su razonamiento es el siguiente: “Si yo solo, sin mayor ayuda, he hecho cuatro programas computacionales, ¿qué no lograríamos muchos profesionales trabajando juntos en un centro de este tipo?”. Se contaría, dice, con muchas tecnologías computacionales generadas en la institución; con el trabajo de profesionales de distintas disciplinas; con la posibilidad de impartir capacitación en forma indirecta, al contar con muchas personas haciendo investigación en distintos campos y compartiendo sus análisis con los demás. De esta forma el conocimiento no se pierde y más bien aumentaría en proyección geométrica.

Él mismo, dice Máximo, ha editado todos sus libros, pero no puede compartir sus experiencias por el hecho de trabajar solo; y “el conocimiento que no se transmite se pierde”. Para poder editar sus obras, se empeñó en buscar grupos e instructores para que el Departamento de Recursos Humanos pudiera ofrecer los cursos de Adobe Photoshop, Ilustrador e InDesign.

Estudiantes, fuente de inspiración
Los estudiantes constituyen una fuente de inspiración para Máximo Villón, quien destaca el hecho de que en la Escuela de Ingeniería Agrícola hay una gran identificación entre profesores y estudiantes.

Villón hace sus propias evaluaciones de sus cursos, aparte de las que realiza formalmente el Departamento de Recursos Humanos. Una vez recopilada la información, canaliza las necesidades de los estudiantes hacia el mejoramiento de las lecciones. Nunca repite un curso, pues siempre anda pensando en cómo va a dar la próxima lección, para que sea mejor que la anterior, y también se autoevalúa.

Además, crea los libros de texto porque considera que los libros disponibles en el mercado no contienen todos los temas y son caros. Por eso, Máximo ya ha desarrollado el método de escribir los libros, diseñarlos, diagramarlos y enviarlos al Taller de Publicaciones del TEC donde los imprimen muy rápidamente. Y otro detalle importante es que todos los libros que hace se re-editan en Perú, donde lo conocen mucho por ello, pues son libros de consulta obligatoria en las universidades. También se venden en Ecuador, Bolivia y Chile, donde por cierto, salen más baratos.

Máximo se apresura a aclarar que él no cobra por estas re-ediciones, y aunque no ha montado una red de comercialización, de todas partes de América Latina lo llaman, o le envían mensajes electrónicos, solicitándole los programas computacionales y los libros de su autoría. Esto se debe a que sus productos llenan un vacío en el campo de la ingeniería de recursos de agua y tierra.

Hace poco, una egresada de la Escuela que está sacando un posgrado en Alemania recibió un curso en Bélgica y cuál no fue su sorpresa –y su orgullo- al darse cuenta de que allí utilizaban el programa H-Canales. Otro egresado tuvo una experiencia parecida en Holanda, cuando supo que el software que estaban usando era ¡de su profesor del TEC!

Paquetes tecnológicos
Pero el logro quizás más importante de Máximo Villón es haber podido crear verdaderos paquetes tecnológicos con una marca que adoptó recientemente: MaxSoft; en el área de hidráulica, la Escuela ofrece el libro Hidráulica de Canales, el Manual Práctico para el Diseño de canales, el libro Estructuras hidráulicas y los paquetes computacionales H-Canales, Sehidrac y Moody, este último desarrollado por un estudiante. En julio próximo saldrá el nuevo libro de este paquete, denominado Problemas resueltos de hidráulica de canales.

Otro paquete tecnológico está formado por los libros Hidrología e Hidrología estadística y el software Hidroesta, que también tiene su Manual del Usuario. En el campo del drenaje, está el libro del mismo nombre, el libro Drenaje superficial (escrito por Marvin Villalobos) y el software Espadren.

En resumen, Máximo Villón ha escrito más de 25 libros y ha desarrollado cuatro programas informáticos cada uno con su Manual del Usuario.

Aunque ha hecho consultorías para organizaciones como la FAO y para grandes empresas bananeras, actualmente carece de tiempo para ello, ya que le obligaría a dejar otras cosas que en este momento son su prioridad.

Satisfacción y sacrificio
El trabajo de Máximo Villón en el TEC le ha demandado un gran sacrificio, pero especialmente a su familia. Él siente una gran satisfacción con lo logrado hasta ahora y por ello ha incentivado mucho a los compañeros de la Escuela para que escriban. Advierte que con eso no se van a hacer ricos, pero que sí lograrán abrir muchas puertas.

Al solicitarle un consejo para poder escribir como él, afirma que lo más difícil es el inicio de un libro. “Hay que vencer el obstáculo del principio”, dice; “una vez que se tiene el primer libro, este facilita el segundo”.

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