El nombre de este artículo no me pertenece.
Proviene del excompañero, académico, crítico
literario y buen amigo, don Gabriel Vargas,
quien, parafraseando el título del imborrable
cuento del argentino Julio Cortázar, se refería a
la Casa Cultural Amón, proyecto de extensión
cultural de la actual Unidad de Cultura y Deporte
de San José.
Y nada más certero. El proyecto conocido
concisamente como Casa Amón, e inserto en el
quehacer académico del Centro Académico de
San José y en el corazón del barrio Amón de la
capital, es, ciertamente, una casa tomada. Fue
ganada primeramente por sus fundadores, como
la maestra Alexandra de Simone quien, por más
de diez años, ha estado al frente de tremenda obra
artístico cultural, y a quien - habrá que reconocérselo
siempre - se debe, en mucho, el diseño
del proyecto así como su vertiginoso crecimiento
a lo largo de la última década.
Luego fue ocupada por artistas emergentes,
profesores itinerantes, gestores de cultura,
de salud y del medio ambiente, estudiantes
asistentes, catadores de vino y de las buenas
vibraciones, entre otros animadores; se ha visto
finalmente tomada por un público ávido de conocimientos
y de armonía espiritual e intelectual
que semanalmente se da cita en talleres, clases
de artes y de oficios, charlas, conferencias, seminarios,
encuentros, congresos; o en los variados
eventos literarios, teatrales, dancísticos, cinematográficos,
artísticos en general, y actividades
sociales que se desarrollan cotidianamente en su
palpitante interior.
Toda persona que ha visitado la Casa Amón
expresa, de alguna manera, su bienestar y su goce
por la buena energía que se percibe y circula en
la vivienda de los artistas y gestores culturales.
No hay duda de que sus primeros habitantes
convivieron en armonía y nos legaron un espacio
propicio para la sensibilidad, la solidaridad y la
creatividad. Y son esas precisamente las cualidades
y características que ha generado con suma
paciencia y cuidado el equipo de trabajo de la
Casa Cultural Amón.
Dentro de ese equipo destaca la incansable
labor adjunta y de producción del compañero
Jaime Martínez, así como el aporte de profesores
como Ricardo Ávila y la bailarina y coreógrafa
Xinia Vargas. Pero sería injusto si los mencionara
solamente a ellos. Ha habido una pléyade de
profesores de la Escuela de Cultura y Deporte,
igual que la de Arquitectura y de Administración
de empresas, por mencionar las más cercanas, así
como muchísimas personas de la comunidad,
que han colaborado activamente con la Casa.
Mención aparte merecen las colaboraciones
directas e indirectas de las diversas direcciones
del Centro Académico de San José, cuyo actual
locatario, el máster Rafael Hidalgo, es un incondicional
cómplice de la actividad de extensión.
No puedo dejar de mencionar tampoco a la
multitud de estudiantes que han trabajado como
asistentes y colaboradores, así como a varios
compañeros de la conserjería y del mantenimiento
que se identifican, al igual que la mayoría
de funcionarios del Centro Académico, con la
nutritiva labor cultural del proyectocultural en
barrio Amón.
Debo agradecer la confianza que dichos compañeros
han depositado en mi persona desde que
fui transferido a la Unidad de Cultura del CASJ.
Ha sido un placer y un honor trabajar con personas
tan sensibles, abiertas y tolerantes, lo cual
me ha permitido desarrollar toda mi capacidad
operativa en diversos proyectos y programas que
atendemos en Amón. Ojalá que dicha concordia
y amplitud para el trabajo en equipo se mantengan
en el futuro para que la Casa Tomada crezca
y se desarrolle, de tal manera que ocupe el lugar
que le corresponde en la cultura metropolitana,
nacional, centroamericana y de más allá.
Y que se incentive la labor de ese equipo,
de sus miembros y de la actividad de gestión
sociocultural, en general, en toda la institución.
Porque ese tipo de actividad es la que nos permite
indicar que somos realmente una universidad
pública imbricada en la sociedad costarricense,
dialogando con sus principales actores y
comunidades, tal y como corresponde. Es decir,
permitiendo que la docencia, la investigación y
la extensión retornen a la institución dejándonos“tomar” por el pueblo llano con sus carencias,
motivaciones, producciones, espectativas
y esperanzas. Y que no se nos receten “estímulos”
tales como la “póliza de infidelidad”,
o la cacería de brujas por no estar colegiados,
entre otras formas recientes de coartar la acción
creadora, imaginativa, integral e integradora, de
la academia.
*Profesor Unidad de Cultura CASJ. |